Hace menos de un año repasaba lo que había sido el 2018 y lo que vendría el 2019, y si bien muchas cosas sí que se han cumplido, ha sido un año diferente de lo que me esperaba. No sé si motivado por cuestiones personales y profesionales que no vienen al caso, el 2019 ha sido un año de reflexión. Por un lado he visto como muchos proyectos tocaban a su fin y otros que los tenía como grandes ideas no se han materializado o se han convertido en otra cosa; sin ir más lejos recuerdo que comentaba un libro sobre spaghetti western en LASDAOALPLAY?, que al final será un artículo que verá la luz dentro de unos días, justo para celebrar que hace diez años que me dedico a escribir sobre cine.

¿Por qué digo que ha sido un año de reflexión? Por algo que ya comentaba en la última entrada sobre Mocktales, y es algo tan sencillo como preguntarme por qué hago lo que hago, por qué escribo y, lo más importante, para quién. Como decía en relación a los fanfictions, es un tipo de ejercicio de escritura que, a la práctica, requiere mucho sacrificio y para una poca recompensa —que no necesariamente es económica—, ya que cuando te detienes a mirar quién te lee, descubres que puede que no sea nadie. Es por ello que este año hubo algo —no sé el qué— que hizo click en mi cabeza y me hizo ver que muchas de las cosas que me forzaba a hacer solo estaban motivadas por el hecho de poder hacer una muesca más en mi rifle de escritor. Visto con frialdad, porque a veces es necesario hacerlo, vi que mientras que LASDAOALPLAY? tiene unos lectores que justifican el esfuerzo, el resto de mi «producción» —porque no se puede catalogar de otro modo— caía en saco roto, ya que ni yo disfrutaba haciéndolo —porque me obligaba a hacerlo— y tampoco tenía el suficiente número de feedbacks como para creer que realmente había alguien al otro lado de mis palabras.

Todo esto podría sonar triste, casi como un testamento literario de un escritor fracasado, sin embargo yo lo veo más como un reset. Precisamente ha sido este año el que he pensado más en mi viejo blog de F.M.C. Cine y como terminó para dar lugar a algo mejor en LASDAOALPLAY?, y creo que ahora estoy viviendo un momento parecido pero extrapolado a muchas facetas de mi vida. Si en aquel momento vi que lo estaba haciendo mal en el blog y decidí cortar por lo sano, aprender de mis errores y seguir adelante haciéndolo mejor —y creo no haberme equivocado, ya que de momento LASDAOALPLAY? ha duplicado en vida a F.M.C. Cine—; este 2019 me he esforzado por cerrar una serie de proyectos de la forma correcta —cuyo ejemplo más claro sería Mocktales—, tomarme un respiro y, sabiendo lo que hacía bien y lo que hacía mal, volver a empezar con más calma, disfrutando de la escritura.

A efectos prácticos, ¿qué ha sido realmente 2019? A parte de la conclusión de Mocktales, he visto como se publicaban dos nuevas novelas de la mano de Click EdicionesEl aprendiz de artista y Take Five— de las que estoy muy orgulloso y he participado, por sorpresa, en una antología con un relato que me gustó mucho como quedó —El observatorio—, he conseguido sacar algunos proyectos de LASDAOALPLAY? del dique seco y materializarlos de alguna forma para tacharlos de una lista que no hacía más que crecer y, por primera vez en mucho tiempo, no me he visto llevado por el tsunami de obligaciones autoimpuestas. ¿Eso que quiere decir? Que veo menos cine… pero lo disfruto más; que leo menos libros… pero puedo recordar sus argumentos; y, lo más importante, que escribo mucho menos… pero que cuando termino de hacerlo me siento orgulloso de ello, no importa si es una reseña o una novela, sabiendo que he disfrutado de cada línea y de cada párrafo que escrito.

Puede que con estas reflexiones esté navegando más en cuestiones personales que estrictamente profesionales, pero una va cogida de la mano de otra. Y es que este año he aprendido algo muy importante, he aprendido a relativizar, claro que es importante seguir escribiendo y esforzarse en ello, pero hasta que punto vale la pena a cambio de morir en el intento… Volviendo al tema de LASDAOALPLAY? a modo de ejemplo, a mediados de este año sentí un tufillo a chamuscado cerca de mí, uno muy parecido al que sentí cuando F.M.C. Cine llegaba a su fin, pero que mientras en esa ocasión no hice caso de las señales y dejé que se quemara todo, ahora me di cuenta del peligro y decidí tomar medidas para resolverlo. Respiré hondo y tomé una sabia decisión, solo escribiría sobre aquellas películas que realmente me motivaran a hacerlo. Y eso es exactamente lo que he hecho en el resto de proyectos. Escribir son horas dedicadas a algo que no sabes a donde te llevará, por lo que lo mejor es disfrutar de ese tiempo para no sentir que lo has perdido en vano.

¿Qué me depara el 2020? Si bien el año pasado hablaba de varios proyectos en marcha, en este caso solo estoy seguro de la publicación de una antología de relatos de ciencia ficción para mediados de año de la mano de Click Ediciones —algo que, por primera vez en mucho tiempo, he escrito sin pensar en sus posibles salidas, sino simplemente porque me apetecía—… y nada más. Y no es porque no haya querido hacer más cosas, sino porque, simplemente, he preferido darle preferencia a aquello que realmente me llenaba como persona y de lo que realmente disfrutaba haciendo.

Puede que haya sonado todo muy filosófico, y los que me conocen saben que no lo soy demasiado, pero hay veces en la vida en que te das cuenta de que el tiempo es algo valioso que no se debe desperdiciar; así que, de ahora en adelante, mi intención es disfrutar con lo que sea que haga y no sumirme en proyectos que, desde un principio, vea que no me convencen o que requieran que quite horas a otros más importantes, personales o profesionales… a ver si es cierto.